lunes, 10 de agosto de 2009

La cultura del baño en Japón: el sentou

Es por muchos conocida la obsesión que los japoneses tienen con mantener su cuerpo limpio. Descalzarse al entrar en las viviendas, llevar mascarilla para evitar contagios y también la alergia al polen o lavarse las manos y enjuagarse la boca antes de entrar en los templos sintoístas, son algunos de los ejemplos más cotidianos de la relación que los japoneses establecen con la higiene. Así pues, en el artículo de hoy hablaremos de uno de los aspectos más peculiares de la sociedad japonesa: la cultura del baño.

La vinculación entre limpieza y religión se remonta al siglo VII. En aquellos tiempos los mayores templos de la capital, Nara, disponían de baños comunitarios, que habían sido construidos bien por los monjes o bien por los aldeanos. Varios siglos después, en 1591, se construyó el primer baño público en Edo (actual Tokio y ciudad que pasaría a ser la capital del gobierno militar Tokugawa entre 1603 y 1868), con un coste por el servicio de tan solo un sen (moneda de cobre). Así, sería el precio el que posteriormente daría nombre a estos establecimientos, denominados desde entonces sentou o traducido, “agua de dinero”.


Los sentou empezaron a extenderse por el país rápidamente, ya que tradicionalmente la gente no tenía un lugar donde asearse en la propia vivienda. Simplemente se desplazaba al baño público más cercano y con el previo pago de una pequeña cantidad podía ducharse y posteriormente hacer uso del ofuro (bañera). Los baños mixtos eran habituales en aquella época y constituían un emplazamiento ideal, no solo para las relaciones sociales sino también para ciertas prácticas relacionadas con el sexo. Estas licencias de carácter sexual llevaron al gobierno militar a prohibir ese tipo de establecimientos a principio del periodo Edo. En la actualidad los sentous mixtos son totalmente legales aunque muy escasos.

La separación entre limpiarse y bañarse se hace del todo palpable en la cultura japonesa y es por eso, que todos usuarios del sentou deben respetar un protocolo establecido: lo primero es dirigirte a la zona correspondiente según el sexo. Desnudarte, dejar la ropa en la taquilla asignada e ir a la zona de baño. A continuación, te sitúas en una de las duchas libres, te sientas en un taburete y te duchas para terminar echándote agua fría por encima usando un pequeño cubilete (la imagen típica aparecida en las películas japonesas). Finalmente, ya solo queda entrar en el ofuro para tomar un baño relajante. La temperatura en esta especie de bañera suele rondar los 45 grados, es por eso que no se recomienda estar más tiempo de lo necesario, ya que podrías llegar a desmayarte.
Tokio cuenta todavía con alrededor de 1500 establecimientos abiertos al público con un precio que ronda los 300 yenes.



Actualmente, una de las preferencias de los nipones a la hora de buscar vivienda es poder contar con un espacio para llevar a cabo este ritual. La mayoría de ellos pasa alrededor de unos 30 minutos al día dentro del agua siendo este, quizás, el momento más placentero de la jornada.

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